Del Facebook, o lo que se ve no se juzga…

Estándar

Nada como la ñora que se ficciona en el Facebook.

El exhibicionismo es el placer culposo número uno de las ñoras. Desde que por primera vez usó la falda del uniforme sin shorts abajo, la futura ñora sintió el goce de ir desnuda por el mundo sin que nadie se diera cuenta, excepto en los momentos en que un inesperado vientecillo levantaba su falda, quedando expuestos sus calzones por unos segundos. Ella, con genuina vergüenza, trataba de detenerla entre las piernas,  ocultando al mismo tiempo un brevísimo destello de placer. 

Hoy, las ñoras reproducen el momento gracias a las virtudes del Facebook. Suben fotos donde, como no queriendo la cosa, se revela un vientre plano, una pierna tonificada o el sexy tirante del brassiere, todas cuidadosamente escogidas para que no salga una lonja, una arruga o un estrabismo mal cuidado. 

Sin embargo, nada más genuino que los chones de una ñora juvenil. Hoy, la ñora sólo expone su mejor lado, y así el Facebook se ve invadido de multitud de fotos de las más diversas situaciones, donde todas tienen en común sólo una cosa: la ñora siempre se ve bien

Sin embargo, no falta la amiga envidiosa que te etiqueta en una donde ella sale esplendorosa, mientras tú pareces una marrana parada en medio de la nieve de Lake Tahoe. En mensaje privado, le pides que por favor retire la etiqueta de esa foto.

Al no haber respuesta tratas de quitarla, pero sólo logras que se reproduzca dos veces en tu  muro. Recurres al mensaje público, “amiga, salgo horriiiiiiible, quita esta foto pliiiiiiiis”, mientras la otra sigue ignorando el comentario (aunque tú sabes, estás segura que está conectada y que está disfrutando el momento).

Tu último recurso es bloquearla, pero entonces ella no vería tus últimas fotos en la playa con tus amigas del zumba, donde sales muy delgada (porque las demás están hechas unas vacas). Decides olvidarlo y vengarte.

Seguro tienes una. Buscas en el anuario, en las fotos de la graduación, en las de tus quince años, en la primera Comunión de Pedrito, en las de tu cumpleaños y ¡ahí está! En la fiesta de cuarenta años de tu marido encuentras a la traidora abrazándote (porque eso sí, de que es tu mejor amiga lo es) y justo atrás, con la blusa levantada, está la mejor de tus venganzas: el plomerazo. Con habilidad de ñora anticibernética, después de dos horas está ahí, en tu Facebook, la foto delatora.

En menos de tres segundos, en mensaje privado, tu amiga suplica llorosa por el retiro de la foto. Le recuerdas la anterior, la de Lake Tahoe, y ella ofrece quitarla si tú, al mismo tiempo, quitas la de ella. Como buenas mejores amigas cumplen el pacto. Para compensar,  ponen de portada la misma foto de Acapulco, al atardecer junto a la playa, las dos abrazadas y en el mejor ángulo posible, con el título “BFF”.

Mañana, en la reunión de tus amigas de la prepa, gritarás al mundo feisbukero lo feliz que estás en el reencuentro de tus excompañeros. Y te vengarás de la que te bajó al novio subiendo su foto empinando una botella de tequila.

 

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