Mujeres juntas

Estándar

Últimamente, Jacaranda piensa que la Ñora está loca.

Ayer, por ejemplo, le pidió que en lugar de limpiar los frijoles uno por uno y enjuagarlos en  agua, los dejara con todo y piedras, porque son “orgánicos”, le cuenta a Kim, su colega de la casa de a lado.

—Luego el señor se atragantó con una y la Ñora se puso a gritarme “¡Jaca! ¡Te dije que al señor le dieras frijoles de lata, no de los orgánicos!” Y yo le entendí que me dijo que no limpiara los frijoles porque es una lata. De la gritoniza me puse morada del coraje —le dice a su amiga enjuagándose una lágima con un kleenex que luego guardó en la manga de su suéter—. A veces me dan ganas de ya decirle a la Ñora que se busque a otra que la aguante.

—Pues deberías —contesta Kimberly, mientras cose un botón—. A mí la mía ya también me tiene cansada. Ayer me puso a subir los dobladillos de todas sus faldas, que para reconquistar al señor porque, dice, le late que le anda pintando el cuerno con una vecina, pero no sabe con cuál —. Kim se arrepintió inmediatamente de su indiscreción y trató de corregir —de antes, vecina de donde vivían antes— y remató el punto cortando el hilo con los dientes.

—Pues será el sereno, pero yo he visto que tu patrona llega rete tarde, a veces después de su marido, ¿no será que la canija es ella?

—No —contesta Kim defendiendo a su patrona— lo que pasa es que está estudiando un diplomado.

—Será a un licenciado —y Jacaranda se ríe de su ocurrencia —, en cambio la Ñora parece cada vez más enamorada del señor, diario me pide que le haga su desayuno desde la noche para que tempranito se vaya bien desayunado a trabajar, dice.

—¿Y por qué desde la noche?

—Pues es que el señor ya sabe que la Ñora se pone de mal humor todo el día si madruga, y ella sabe que yo también, así que mejor nos preocupamos por dejarlo listo desde la noche y todos contentos.

—¡Ay Jaca! ¡De veras te pasas!

Las dos amigas ríen  con sonoras carcajadas hasta que suena la alarma de un celular.

—Ya me voy —dice Kim—, voy recoger al niño de la clase de guitarra y luego me voy a a ver el programa de mi tocaya la Kardashian.

—Yo tambien —contesta Jacaranda susipando —, no vaya ser que la Ñora me busque para que le truene el cuello, porque dice que son buenísimos mis tronidos para quitarle el estrés, ya ves que está re loca.

—Todas son iguales —afirma Kimberly ofreciéndole a Jacaranda  un poco de crema Nivea.

— Sí, todas —contesta Jaca.

Esa noche, mientras prepara los huevos cocidos con mayonesa del señor, Jacaranda piensa en lo afortunada que es. Tiene trabajo, tele en su cuarto y una patrona que casi nunca está, ¿qué mas se puede pedir?

Lo pensó mejor cuando la Ñora le gritó para que la ayudara a desenredarse de su nueva postura de yoga.

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