Archivos Mensuales: mayo 2014

Añorando

Estándar

La Ñora había perdido algo. Notaba que el cielo ya no era tan azul, que los grillos no cantaban tan armoniosamente y que sus uñas, antes coloridas y brillantes, ahora se rompían a la menor provocación. Le dolía la espalda y las piernas, y el sudor era ahora su único maquillaje.  

– No sé qué me pasa- le confió un día a su mejor, mejor amiga. – Tengo la raíz a la mitad de la cabeza, y ni ganas de pintarme el pelo. Estoy tan cansada que no llego a la novela de las nueve, y mi marido ya no sabe qué hacer para animarme. Para colmo subí cinco kilos, y siento que me ahogo cada vez que subo las escaleras.

Obvio la Ñora no se atrevió a contarle a su mejor, mejor amiga que tenía semanas sin… sin.. pues sin siquiera darle un beso al Gordo, y menos aún lo que le sigue. El pobre hombre andaba buscando ayuda en todas partes, pero no había podido encontrar a nadie que terminara con el calvario de su maltrecha esposa, y con el suyo propio.

Y así iba la Ñora, lamentándose por la casa, vestida con sus pants más viejos, demasiado cansada incluso para llorar.

Afortunadamente su vecina la Chata llegó a salvarla.

— Te presento a Jacaranda, la prima de Lencha – le dijo . – Ya sabes que Lenchis tiene años conmigo, y su mamá fue mi nana. ¡Imagínate vecina! Es de tooooooda la confianza.

Y sintiendo que volvía a la vida, la Ñora ni siquiera leyó la carta de recomendación de Jacaranda.

Soltando la escoba abrazó a la recién llegada, quien después de la efusiva bienvenida, tomó posesión de la casa  y se dispuso a ser, otra vez, “como de la familia” para los habitantes de su nuevo hogar.

Esa noche, después de la novela, el Gordo estaba listo para celebrar, pero la Ñora no quiso arruinar tan pronto su flamante manicure.

 

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