La Ñora y su mamá.

Estándar

Las ves por todas partes. En la calle caminando, en la sala de espera del doctor, en el súper y hasta en fiestas infantiles. Algunas veces una sostiene a la otra. Otras veces una regaña a la otra. En ocasiones pelean, y sólo es distinta una voz de la otra por el volumen.

Son la Ñora y su mamá, en múltiples versiones. Como dos gotas de agua, sólo se distinguen desde atrás por el ancho de sus caderas. El corte de pelo es el mismo, con algunas variantes de color y longitud, pero inconfundiblemente iguales.

Por motivos experimentales, sigo a un par.

Mamá Ñora se baja del auto más rápido que Hija Ñora, y le pide el boleto del estacionamiento al que acaban de entrar. “Yo lo guardo” dice Hija Ñora, empezando a ponerse nerviosa pensando en la tarde que le espera. “Tú siempre los pierdes” dice Mamá Ñora, quitándole el boleto a la más joven y guardándolo con rapidez en un enorme bolso negro.

Mamá Ñora camina pavoneándose hacia la entrada de la tienda, entornando los ojos y mirando discreta a una jovencita en minifalda que pellizca la nalga a un joven con una playera sin mangas. “Ay mijita, qué niña más bonita”. Hija Ñora sabe que su madre ha decidido adaptarse a la época, así que las dos admiran a la joven que saca la lengua mostrando un flamante piercing.

Ñora Mamá saca su Iphone y toma una foto a la pareja que ahora se besa frente a los clientes del lugar. “Es para subirla a mi Fecebook” dice orgullosa de estar tan a la moda. “Mamá” dice Hija Ñora suspirando “el Facebook es para que pongas cosas tuyas, no de los demás”. De cualquier manera no importa, porque Ñora Mamá sigue con la vista fija en la pequeña pantalla de su teléfono, tratando de subir la foto. En el intento, borró los teléfonos de sus contactos, no sin antes mandar una invitación a todos para jugar Candy Crush. Pide ayuda a Ñora Hija, pero en ese momento suena su teléfono. Hija Ñora contesta. Es Mamá Ñora.

Hija Ñora, un poco alterada, le dice a su mamá que apague su teléfono.

Mamá Ñora, un poco sentida, apaga el teléfono y lo guarda en el bolso.

Caminan juntas por la tienda, deteniéndose a mirar un suéter, un vestido, una bolsa, hasta que llegan  al área de zapatos.

“Señorita” Ñora Mamá le dice a un joven de pelo largo que atiende en el lugar. Ñora Hija se disculpa apenada por su madre. Las dos se sientan a esperar que el joven, que se presentó como Aníbal, les traiga los zapatos que pidieron para probarse.

“Qué pena” dice Ñora Mamá quitándose los zapatos, “con esos pelos ya no sabes quién es quién”. Ñora Hija asiente con la cabeza, volteando para comprobar que nadie las escucha.

Al ver una pareja de  mujeres, Mamá Ñora murmura a Ñora Hija: “¿Ya viste a Luisa con su hija? ¡Qué gorda!” .  Ñora Hija busca con la mirada a las mujeres en cuestión, mientras Ñora Mamá dice “¡no manches!”, un poquito orgullosa de su audacia por usar una frase tan de hoy, “¡y la hija está igual!” Las cuatro se saludan efusivamente y, mientras se alejan, Mamá Ñora felicita a su hija por haberse puesto a dieta.

Llega Aníbal con los zapatos

Mamá Ñora se prueba unas botas. Pide un número más. Mientras tanto la hija  se prueba unas plataformas, caminando en un pasillo de dos metros. A la doceava vuelta decide que no, que esas no. Pide a Aníbal unos tenis y unas zapatillas para la boda de su prima Luisita. Mamá Ñora descarta las botas y Aníbal corre por unos zapatos de piso y unas pantuflas rosas. Mejor no, dice Mamá Ñora, que sean negras, para que duren más. Hija Ñora quiere unos botines  porque las plataformas están muy incómodas. No, esos no. Parecen zapatos ortopédicos. Aníbal llega con unos tenis blancos. No esos son para correr, Ñora Hija los quiere para jugar  tennis. A Mamá Ñora le duele la ciática. Aníbal va por el supervisor para que le ayude  a levantar a Ñora Mamá. Suena el teléfono de Ñora Hija. Su hija Toñita se siente mal y debe recogerla en el colegio ya. Ñora Mamá camina encorvada, con una mano en la cintura. Ñora Hija la apresura. Salen de la tienda y llegan al estacionamiento. No encuentran el coche. Dan varias vueltas hasta que por fin recuerdan dónde está. A Mamá Ñora se le rompe el tacón. Ya ves, te dije que necesitaba unos zapatos bajos, le dice a Ñora Hija que no encuentra ahora las llaves del coche. Vacía su bolsa sobre el cofre y saltan finalmente las llaves. Suben por fin las dos al coche. Ñora Hija llega al cajero del estacionamiento. Busca el boleto pero no lo encuentra. Lo traes tú mamá, le dice a Mamá Ñora, ¿yooooo?, si tú, me lo quitaste al llegar, deja lo busco, lo metiste en tu bolsa, pero no lo encuentro, en esa bolsota cómo lo vas a encontrar, la fila está cada vez mas larga, no lo encuentro, tú lo tienes, te lo di, me lo quitaste, lo guardaste tú, señora salga de la fila, aquí está, no traigo cambio, ya déjelo así, mijita no tires el dinero, mamá ya cállate….

Supongo que recogieron a Toñita,  quien en realidad no se sentía tan mal.

Sólo quería estar con su mamá.

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