Explorando su potencial

Estándar

Es su primera cita y la Ñora está emocionada.

Mientras hojea una revista, espera que se abra la puerta del consultorio.

— ¿Tardará mucho el doctor? — pregunta la Ñora, un poco ansiosa.

— No es doctor — contesta un guapo asistente, quien no levanta la vista del monitor de su computadora — puede llamarlo coach.

— ¿Tardará mucho el coach? ¡Estoy nerviosa! ¡Es mi primera vez en terapia! — insiste la Ñora, dando ligeras palmaditas.

— No es terapia — contesta otra vez el chico sin mirarla — se llama Sesión de Coaching.

La Ñora se disculpa algo molesta mientras cierra la revista.

— Bueno, ¿tardará mucho? Tengo que ir a la escuela por mi hija. ¿Está con algún paciente el coach?

— Señora, el término correcto es cliente, y no creo que tarde mucho — responde impaciente. — Si gusta puede leer el folleto con la información  de los servicios que ofrecemos en el Centro — y poniéndose de pie, el chico, que ya visto de cerca no le parece tan guapo, le entrega a la Ñora un tríptico de colores brillantes.

De pronto, escuchan lo que parecen ser gemidos y suspiros de placer, que van subiendo de tono hasta convertirse en un sonoro grito liberador.

— Joven… eso…eso… ¿fue un orgasmo?

— ¡Señora! — exclamó escandalizado el asistente — ¿Cómo se le ocurre? El coach es un profesional. Lo que usted escuchó fue una proyección metodológica de una meta adquirida con anterioridad. Como seguramente NO leyó el folleto que le entregué, no sabe que el objetivo del coaching es que el cliente descubra sus habilidades, reconociendo los obstáculos que le impiden satisfacer sus objetivos, obteniendo un rendimiento sustentable y estratégico para su proyecto de vida y realización integral.

La Ñora, algo apenada, se dispuso a leer con atención el folleto cuando un aroma inconfundible la obligó de nuevo a preguntar.

— Disculpe joven … ¿eso es mota?

— ¡Cannabis! ¡El nombre correcto es cannabis! ¡Nunca se atreva a cuestionar las herramientas de los entrenamientos! — y respirando profundamente para recuperar la calma, el chico regresó a su escritorio, fijando la mirada de nuevo en el monitor.

La Ñora llamó a una amiga para pedirle que recogiera a su hija en la escuela.

Tuvo el presentimiento de que el coaching le iba a gustar.

 

 

 

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